Por exceso de precaución (o por costumbre), mucha gente lleva al notario trámites que no lo requieren, pagando de más en tiempo y dinero por algo que un documento privado firmado hubiera resuelto igual de bien.
Un contrato de compraventa de vehículo entre particulares no necesita notario. Basta un documento privado bien hecho, con los datos del auto, el precio y las firmas de ambas partes.
El arrendamiento de un inmueble se puede formalizar completamente con un contrato privado firmado por arrendador y arrendatario, sin pasar por notario.
Un pagaré o un contrato de préstamo firmado entre dos personas tiene validez sin necesidad de notario; su fuerza viene de estar bien redactado y firmado, no de la fe pública.
Para trámites cotidianos (dejar tu auto con alguien, autorizar a alguien a recoger un paquete) una carta poder simple firmada es suficiente; no se necesita un poder notarial.
Si el monto involucrado es muy alto, o si esperas que el documento se use como prueba en un litigio complejo, a veces conviene un respaldo adicional (por ejemplo, ratificar firmas ante notario). Pero eso es distinto a que el documento en sí “requiera” notario para ser válido.
Cada visita innecesaria al notario cuesta tiempo y dinero. Para la mayoría de los acuerdos del día a día, un documento privado firmado electrónicamente resuelve exactamente lo mismo.
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