Cobrar intereses por prestar dinero es perfectamente legal en México, pero hay una línea que no conviene cruzar: la usura. En los últimos años, la Suprema Corte ha dado a los jueces la facultad de reducir de oficio los intereses que resulten notoriamente excesivos. Entender dónde está el límite te protege de que tu contrato se caiga justo cuando más lo necesitas.
La libertad para pactar intereses existe: cuando prestas dinero, tú y el deudor pueden acordar una tasa. El Código Civil y el Código de Comercio reconocen dos tipos: los intereses ordinarios (el costo por usar el dinero durante el plazo) y los intereses moratorios (la penalización por no pagar a tiempo). Puedes pactar uno, otro o ambos, siempre que queden claros por escrito.
El artículo 21 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos prohíbe la usura, y la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió que los jueces pueden analizar de oficio si una tasa de interés es usuraria y, de serlo, reducirla a un nivel prudente. Esto significa que aunque el deudor haya firmado aceptando un interés alto, un juez puede considerarlo abusivo y bajarlo.
No existe un número mágico fijo en la ley que diga “más de tanto es usura”. El juez valora varias circunstancias: el tipo de operación, el riesgo, el plazo, las tasas de mercado (como las que reporta el Banco de México) y la relación entre las partes. Como referencia práctica, tasas muy por encima de lo que cobraría el mercado formal para un crédito similar levantan sospecha de usura.
Prestas 50,000 pesos. Si pactas un interés moratorio del 3% mensual, estás en un terreno que muchos jueces consideran razonable. Si en cambio pones un 15% mensual (180% anual), es muy probable que, ante una demanda, el juez lo reduzca por usurario, y tu documento pierde fuerza en ese punto. La lección: una tasa moderada y bien redactada es más sólida que una tasa agresiva que un tribunal va a recortar.
Cuando no se acuerda ninguna tasa y el deudor se atrasa, la ley prevé un interés legal por mora (9% anual en materia mercantil, según el Código de Comercio). Es bajo, así que si el préstamo importa, conviene pactar expresamente lo que consideres justo dentro de los límites razonables.
De nada sirve una tasa perfecta en un documento débil. Asegúrate de que tu pagaré o tu contrato de préstamo estén bien llenados y firmados. Y si llega el impago, revisa cómo cobrar un préstamo que no te quieren pagar.
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Confundirlos es un error común. El interés ordinario es el precio de prestar: se cobra por el simple hecho de que el deudor usó tu dinero durante el plazo, aunque pague puntual. El interés moratorio solo nace cuando hay atraso: es la consecuencia de no pagar a tiempo. Puedes pactar los dos, pero deben quedar por separado y bien identificados, porque un juez los analiza de forma independiente al revisar si hay usura.
¿Puedo cobrar interés sobre interés? El anátocismo (capitalizar intereses vencidos) está muy limitado y puede considerarse abusivo. Lo más seguro es cobrar intereses solo sobre el capital.
¿Qué pasa si el deudor firmó aceptando una tasa alta? Su firma no blinda una tasa usuraria: el juez puede reducirla de oficio aunque haya consentimiento. Por eso conviene pactar tasas razonables desde el inicio.
¿Conviene siempre cobrar el máximo posible? No. Una tasa moderada que se respeta íntegra suele dejarte mejor que una tasa agresiva que un tribunal recorta. Cuando termines de cobrar, cierra con un finiquito de deuda para dejar constancia de que quedaron en paz.
Un punto que muchos olvidan: el control de usura no solo revisa el interés ordinario, también el moratorio. De hecho, es frecuente que las tasas moratorias sean las que un juez recorta, porque suelen fijarse muy altas “para presionar”. Presionar está bien; excederse hace que la cláusula se caiga. Un moratorio razonable, claramente redactado, es más efectivo que uno agresivo que no sobrevive a una demanda.
Si tu préstamo está bien documentado con un pagaré o un contrato de préstamo y la tasa es prudente, tienes lo mejor de ambos mundos: un cobro sólido y unos intereses que se respetarán íntegros.
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